En muchos clubes de barrio la comisión directiva existe en el estatuto y en el papel de la asamblea, pero en la práctica hay tres personas haciendo todo y ocho que figuran. Eso funciona hasta que una de las tres se cansa, y entonces el club queda paralizado. Entender qué le corresponde a cada cargo no es burocracia: es lo que permite repartir el trabajo y sobrevivir a una renovación.
Presidente: representa, no ejecuta todo
El presidente ejerce la representación de la entidad, preside las reuniones y firma junto con quien corresponda los actos que comprometen al club. Es la cara institucional frente a terceros: el municipio, la federación, un sponsor, un banco.
El problema típico es el presidente que además compra las pelotas, abre la cancha y cobra las cuotas. Cuando esa persona se va, se va el club entero con ella. Un presidente que reparte y sostiene el funcionamiento del órgano vale más que uno que hace todo bien solo.
Secretario: la memoria escrita del club
El secretario lleva las actas de las reuniones y de las asambleas, maneja la correspondencia y custodia la documentación institucional. Es quien puede responder, meses después, qué se decidió y con qué mayoría.
Es el cargo más subestimado y el que más problemas evita. Un club con actas al día resuelve en cinco minutos una discusión sobre qué se aprobó; un club sin actas la discute durante un año y a veces termina en conflicto formal.
Tesorero: custodia los fondos y rinde cuentas
El tesorero lleva el registro de ingresos y egresos, custodia los fondos, controla que lo que entra y lo que sale tenga respaldo, y prepara la información contable que se somete a la asamblea.
Su tarea real no es "manejar la plata": es poder demostrar en cualquier momento de dónde salió cada peso y a dónde fue. Un tesorero que no puede reconstruir eso está expuesto personalmente, aunque haya obrado de buena fe. Por eso el registro ordenado no es un capricho administrativo: es su propia protección.
Revisores de cuentas: control interno, no adorno
El órgano de fiscalización —revisores de cuentas o comisión revisora, según el estatuto— controla la gestión económica y emite el informe que acompaña al balance en la asamblea. No administra: controla.
En muchos clubes el cargo se llena con alguien cercano a la conducción y nunca revisa nada. Eso vacía el único control interno que tiene la entidad, y suele descubrirse cuando ya hay un problema. Que lo ocupe alguien de otro grupo, aunque genere roce, es sano para el club.
Vocales: el banco de suplentes que sí juega
Los vocales integran el órgano y, según el estatuto, reemplazan a los titulares cuando falta alguno. En la práctica son la reserva de dirigentes del club, y la forma en que se forma el reemplazo del año que viene.
El uso inteligente del cargo es asignarle a cada vocal un área concreta —infraestructura, comunicación, torneos, buffet— en lugar de dejarlo como figura decorativa. Un vocal con una tarea real es un dirigente en formación; uno sin tarea es una silla vacía en la próxima asamblea.
La responsabilidad no se firma y se olvida
Aceptar un cargo en una comisión directiva implica asumir deberes de administración sobre bienes que no son propios. Los integrantes responden por cómo administran, y esa responsabilidad no desaparece porque el club sea chico o porque nadie cobre un peso.
De ahí la importancia de tres cosas simples: que las decisiones queden en actas, que los movimientos de dinero tengan respaldo y que el balance se presente en tiempo. No es formalismo: es lo que separa a un dirigente voluntario de un dirigente expuesto.
Cuando nadie quiere el cargo
La escena se repite en todo el país: llega la asamblea y no hay candidatos. Casi nunca es falta de compromiso; es miedo al volumen de trabajo indefinido que se supone que viene con el puesto.
Lo que destraba es acotar el rol: decir qué implica concretamente el cargo, cuántas horas por mes y qué parte ya está resuelta por el sistema o por otra persona. Un tesorero acepta mucho más fácil cuando sabe que la cobranza y los recordatorios están automatizados y que su tarea es controlar, no perseguir socio por socio.
Aviso importante
Esta nota es informativa y no reemplaza asesoramiento legal. Las funciones, la cantidad de cargos, la duración de los mandatos y el alcance de la responsabilidad de cada integrante dependen del estatuto de cada entidad y de la normativa de la jurisdicción donde tenga su personería jurídica. Consultá tu estatuto y, ante dudas, un profesional. Datos verificados en agosto de 2026.